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Archive for 30 octubre 2007

 

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El emperador Carlos V reinó entre 1516 y 1556. En su imperio “no se ponía el sol” como acostumbraba a decir. A los 40 años sus posesiones abarcaban  tierras en Europa, África,  Asia e incluso partes del reino inca en Perú y del Imperio Azteca en México. Era un amante de la buena mesa y hombre de paladar exquisito. Demostró siempre su deleite ante un buen plato de caza o de volatería. Luís Lobera de Avila. Su médico personal, autor del “Banquete de los nobles caballeros” dejó constancia de su gula especialmente por la carne de caza. Lobera le recomendó que siguiera una dieta estricta, pero no tuvo ningún éxito. El deseo del emperador de alimentar el espíritu cuando se retiró al monasterio de Yuste, fue acompañado por el deseo de alimentar también muy bien el cuerpo. La cocina imperial de Yuste tenía su propia estructura e independencia del monasterio. Contaba con su propio abastecimiento y personal. Acompañaron al emperador en su retiro, veinte personas dedicadas a su alimentación, entre ellos; cocineros, un cazado, un hortelano y un bodeguero encargado de los vinos y la cerveza,  salseros, fruteros,  un pastelero, panaderos, un hortelano, un tonelero, todos con sus respectivos ayudantes.

 

 

 

Ingredientes:

1 kg. de lomo de ciervo

1 botella de buen vino tinto
1 cebolla

1 cabeza de ajo

4 zanahorias
1 pimiento verde
1 litro de caldo
Sal y pimienta en grano

Perejil picado
Tomillo

Orégano

1 rama de hinojo

Preparación: Cortar las cebollas en cuartos, el pimiento en tiras,  las zanahorias en láminas gruesas y los dientes de ajo pelados. Ponerlo todo junto con la carne de ciervo en una fuente de greda, agregar el perejil, el tomillo y el vino tinto. Macerar durante 24 horas.  Retirar el lomo y escurrir las verduras, luego saltearlas con un poco de aceite para que tomen color. Añadir el caldo, un poco de vino de la maceración  y cocinar todo durante 1 hora. Triturar y pasar por un colador las verduras. Cortar el lomo en filetes y saltearlos en el aceite bien caliente. Ponerlo en una fuente con la salsa y servirlo acompañado  de puré de manzanas.

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El gran período de las cortesanas en Francia propició el  consumo de chocolate al que se le atribuía un poder casi mágico que actúaba en las fibras amorosas del que lo consumía.  El cardenal Richelieu y Casanova compartían esta costumbre que aprendieron de la famosa cortesana Jeanne Du Barry que lo consumía con pasión en distintas preparaciones. Jeanne nació el 19 de agosto de 1743, en Vauculeurs  una pequeña aldea de la Lorena, famosa por las gestas de Juana de Arco, era conocida en los burdeles como mademoiselle Beauvernier y por la historia de Francia como Madame Du Barry. Era hija de Anne Bécu, una costurera y de Jean Baptiste de Vaubernier monje del convento de Picpus en París. Su madre se casó en 1749 con Nicolás Rançon, un vendedor de armas quién se preocupó de darle a la pequeña Jeanne una excelente educación, muy superior a la que podría aspirar por su humilde condición.  En 1758, dejó sus estudios en el convento de Sainte-Anne, y se colocó de aprendiza en una peluquería y luego se empleó como sirvienta en una casa de burgueses acomodados y finalmente como dependienta de la “La Toilette” una tienda de modas muy en boga en París en aquella época. En 1762, Jeanne se había convertido en una hermosa prostituta. Adoptó el nombre de Mlle. L’Ange y  frecuentaba casas de apuesta en París, en uno de esos lugares conoció  al  aristócrata  Jean Du Barry, libertino que se convirtió en su “gigoló”. Du Barry era amigo del Conde Richelieu  que deseaba influir en las decisiones del rey Luís XV. Impresionado por la belleza y la creatividad en el lecho de que era dueña Jeanne, decidió convertirla en amante del rey, un hombre ávido de los placeres que podían depararle las aventuras con hermosas jovencitas, que se buscaban con cuidado entre las más pobres de París y en toda Francia. El rey la vio por primera vez  en una cena que organizaron Du Barry y Richelieu. Permaneció oculto observándola y decidió hacerla su amante. Como había hecho con Madame Pompadour, se empeñó en concederle un título a fin de obtener un rango en la corte y poder presentarla oficialmente. Decidió entonces casarla con el Conde Guillermo hermano mayor de Du Barry. Convertida en la Condesa Du Barry, Jeanne fue presentada oficialmente a la corte en 1769. Es curioso que la corte que había despreciado a la Pompadour que pertenecía a la alta burguesía, no tuviera inconveniente en aceptar a una prostituta. Excepto por la joven princesa austriaca María Antonieta casada con el delfín, futuro Luís XVI y la familia real que la despreciaba, gran parte de la nobleza se esforzaba por llamar su atención y hacían lo imposible por ganar su favor. No ocurrió lo mismo con el pueblo que  esperaba la muerte del viejo rey para liberarse de ella. Al obtener el poder Jeanne Du Barry provocó inmediatamente la defenestración de los ministros contrarios al cardenal  Richelieu, entre ellos Chouieul que la detestaba, pero luego abandonó la política y se dedicó a lo único que sabía hacer: dar placer y gastar dinero. Durante los cinco años que disfrutó del favor real protegió a intelectuales, artistas, y pintores como Drovais, a quién pertenece el exquisito dibujo que presentamos en esta receta, donde aparece implorando a Venus, también fue pintada por Vigée-Lebrun y Fragonard,  fue gran amiga de Voltaire, y cuando en 1769, el rey le regaló el castillo de Louveciennes, lo hizo restaurar y encargó al arquitecto Ledoux la construcción de un magnífico pabellón de estilo neoclásico, conocido como “Pabellón Du Barry”. Dilapidó tanto dinero en joyas, vestuarios, palacios y alocadas fantasías que terminó por arruinar el Tesoro Real.  Cuando en 1774 Luis XVI subió al trono, María Antonieta que la odiaba, influenció sobre su  esposo y la favorita fue confinada en la abadía de Pont-Aux-Dames durante dos años. Cuando finalmente se le concedió la libertad se rodeó de una corte en su castillo de Louveciennes, entre los que destacaba Louis Hercule Timoleón, Duque de Brissac que se convertiría en su nuevo amante. En 1792 estalló la Revolución Francesa y el Duque de Brissac fue brutalmente asesinado. La Condesa se encontraba en Inglaterra intentando recuperar unas valiosas joyas que le habían sido robadas. Fue muy bien recibida por la sociedad Inglesa y se le invitó a permanecer  en Inglaterra y no volver a Francia donde la familia real y la aristocracia corrían gran peligro. Se temía, que dada su condición de  antigua amante oficial del rey Luís XV era muy probable que encontrara la muerte. Por razones sólo de ella conocidas, decidió volver. En 1793 fue acusada de conspirar contra el régimen, arrestada y juzgada murió en la guillotina  el 8  de diciembre de 1793 a los 50 años. 

Ingredientes:

1 conejo

40 gramos de chocolate fondant

1 botella de vino tinto

2 cabezas de ajo

1 cebolla

Harina

1 zanahoria

1 puerro

1 copita de Jerez seco blanco

1 copita de brandy

1 taza de harina

½ palo de canela

1 ramita de tomillo

2 hoja de laurel

60 gramos de piñones

aceite

pimienta y sal.

Preparación:

Trozar el conejo y ponerlo en una fuente de barro. Agregar la cebolla trozada, la zanahoria cortada en láminas anchas, y el puerro. Pelar una cabeza de ajos  y añadirlos, luego las hojas de laurel el tomillo y la canela. Salpimentar y agregar el vino. Dejar marinar durante 12 horas. Retirar los trozos de conejo y enharinarlos. Freírlos con un poco de aceite hasta que se doren por todos los lados. Retirar del fuego y reservarlo en una cacerola. Escurrir las verduras de la marinada y sofreírlas con un poco de aceite en un satén durante 6 minutos aproximadamente, añadir dos cucharadas de harina y mezclar muy bien, cocinar brevemente y añadir el jugo de la maceración. Reducir el fuego y cocinar durante 15 minutos. Colar la salsa y agregarla al conejo. Volver la cacerola al fuego y continuar la cocción durante otros 20 minutos hasta que el conejo esté a punto. Machacar la otra cabeza de ajo y sofreírlos ligeramente en un sartén, luego pelar los dientes y ponerlos en un mortero junto con el chocolate rallado, el brandy y los piñones. Agregar la  mezcla sobre el conejo y dejar cocinar hasta que el brandy se evapore. Rectificar la sal y servir

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George Orson Wells (1915-1985) fue un gran actor, guionista y productor de cine. Catalogado como niño prodigio, quedó huérfano a los 15 años y un año después comenzó a trabajar como actor en el Teatro de Dublín (Irlanda). De allí saltó a Nueva York y debutó en yBroadway con la representación de Romeo y Julieta. Luego fundó la exitosa compañía Mercury Theatre, con la cual representó en 1938  una adaptación radial de la obra “La Guerra de los Mundos” de H. G. Wells. El realismo de la obra causó un enorme pánico en New Jersey, que se suponía estaba siendo atacada por extraterrestres. Este episodio le dio fama mundial y fue contratado en 1939 por RKO Pictures para escribir y dirigir dos películas, con plena independencia intelectual.  Welles contaba sólo con 24 años y ninguna experiencia cinematográfica, sin embargo, convenció al guionista Herman J. Mankiewicz para escribir una historia basada en la vida del magnate de la prensa William Randolph Hearst, propietario de dos importantes periódicos. Wells realizó algunos cambios en el guión original de Mankiewicz, aportó un estilo visual propio e inédito para la época que representa un verdadero prodigio de la técnica y narrativa cinematográfica.  Dirigió la película bajo el título de “Ciudadano Kane”, considerada la mejor película de toda la historia de Hollywood. La película se estrenó en 1941 con gran éxito de crítica, a pesar de los esfuerzos que hizo Hearts por impedir su exhibición. Con ocasión de una entrevista hecha por la televisión norteamericana, se le preguntó: ¿Cuál es la mayor enseñanza que puede usted dejar a los jóvenes directores?, Welles respondió dando su receta de salsa boloñesa

 

 

 

Ingredientes para 6 personas:


Se trata de una estupenda salsa, pero es una receta laboriosa que requiere mucho tiempo de elaboración, por lo que es recomendable hacer una buena cantidad y congelarla

  • 500 grs. de ternera picada
  • 250 grs. de carne de lomo de cerdo picada
  • 2 zanahorias medianas
  • 2 tallos de apio grandes
  • 2 pimientos verdes
  • 1 cebolla grande
  • 1 kg. de tomates
  • 3 dientes de ajo
  • 1 vaso de vino blanco seco
  • 1 cucharadita de salsa inglesa
  • 1 chorrito de Tabasco
  • 1 cucharadita de orégano
  • 1 cucharadita de albahaca
  • Aceite de oliva
  • Sal
  • Pimienta negra

Preparación:  

 

Freír la carne picada de vacuno y la de cerdo en un sartén con el aceite muy caliente, moviéndola para que se dore ligeramente por todos lados. Sacar la carne y reservar. Agregar al sartén algo más de aceite. Picar finamente la cebolla, el apio, la zanahoria y los pimientos.  Cuando esté caliente el aceite agregar los ajos,  luego la cebolla y cuando comience a tomar color agregar el pimiento, luego  las zanahorias y el apio. Salpimentar, tapar el sartén y estofar durante 15 min. Pelar los tomates, cortarlos y agregarlos al estofado. Poner la carne a cocinar en una cacerola junto con el vino, la cucharada de albahaca y el orégano. Agregar las verduras, la salsa inglesa y darle un golpe de Tabasco. Salpimentar. Tapar y dejar cocinar a fuego moderado durante una hora y media, removiendo de vez en cuando y añadiendo un poco de agua si se seca demasiado. Al cabo de este tiempo está lista para servir

 

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Este “Gallo al Vino”  es uno de los grandes platos clásicos de la cocina francesa. Muchas regiones de Francia se disputan la creación de este sencillo estofado de pollo al vino, que generalmente se acompaña de setas de la estación. La tradición dice que la receta original fue del cocinero de un rey celta que lo quiso ofrecer como homenaje a Julio Cesar cuando conquistó la Galia.

Según Plutarco, Cleopatra era una mujer refinada poseedora de una amplia cultura. Además de poseer modales dulces tenía una voz sugerente, lo que hacía de ella una mujer seductora. Julio César y Cleopatra pasaron varios meses juntos en Egipto, fruto de esa relación nacería Ptolomeo IV, conocido como Cesarión. Al volver a Roma, Julio César efectuó diversas reformas políticas. Su intención era la instauración de una monarquía romana y probablemente lograr la unidad política del mundo Mediterráneo, agrupando a Egipto con el Imperio Romano, mediante su casamiento con Cleopatra

Ingredientes para cuatro personas:

  • 1 buen pollo
  • 1 botella de buen  vino tinto
  • 200 grms. de setas o champiñones
  • 100 gramos de tocino
  • 2 cebollas medianas
  • 2 ajos
  • 1 puerro
  • Aceite
  • 1 cucharada de harina
  • 1 rama de perejil finamente picada
  • 1 cucharilla de tomillo
  • 1 hoja de laurel
  • 1 copa de coñac
  • 50 gramos de mantequilla
  • Pimienta blanca
  • Sal

Preparación:

Trozar el pollo en 8 piezas, ponerlo en una fuente y cubrirlo con el vino. Dejar marinar durante 12 horas. Luego, retire las presas de pollo y sazónelas con sal y pimienta.  Corte el tocino en dados de aproximadamente de 1 cm  En una sartén de bordes altos selle con el aceite las porciones de pollo en forma pareja. Retire y reserve. Vierta el aceite en una cazuela y dore a fuego suave el tocino. En la grasa restante dorar los ajos picados, las cebollas finamente picadas, el puerro, y la zanahoria. Salpimentar y sofreír a fuego moderado durante 10 min. aproximadamente.  Luego de unos minutos de cocción agregue la harina revolviendo, mezcle y añada el pollo junto con el vino de la marinada,  Cocinar durante 45 min.  Agregue las setas y deje cocinar a fuego suave durante otros 15 min.  Retire el pollo y los ingredientes y cocine el líquido hasta conseguir una salsa espesa. Añada de nuevo el pollo y los ingredientes  y caliente el estofado.

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El “manjar blanco” fue un plato popular durante la Edad Media y el Renacimiento. La primera receta del manjar blanco aparece en el “Libro de Guisados” de Rupert de Nola, cocinero de Fernando de Nápoles, rey de Aragón, publicado hacia 1525. esta obra es reconocida como  el primer libro de cocina en castellano. El Manjar Blanco era una sencilla crema espesa de gallina, arroz, almendras y azúcar, que posteriormente  evolucionó en los siglos XVI y XVII hasta convertirse en un delicado plato clásico de la cocina española, al punto que se tenía por una «comida de cuchara», es decir, como una delicadeza para el paladar.   El “manjar blanco”  es mencionado en “El Quijote” cuando el barcelonés don Antonio Moreno le dice a Sancho: «Acá tenemos noticia buen Sancho que sois tan amigo del manjar blanco y de las albondiguillas.». 

La receta de Rupert de Nola

Ingredientes:

  1. 1 gallina,
  2. Harina de arroz
  3. Agua de rosas
  4. Azúcar
  5. leche de cabra
  6. Azafrán

 

Preparación:

Primero se coge una gallina y ocho onzas de harina de arroz y media libra de agua de rosas y una libra de azúcar fino, y ocho libras de leche de cabra y si no la hubiere tomarás tres libras de almendras blancas y después cojeras la gallina que sea buena, gorda y tallosa y cuando quieras hacer el manjar blanco matarás la gallina y la desplumarás en seco, lávala bien y ponla a hervir en una olla que no hayas cocinado nada en ella, cuando la gallina este cocida un poco mas de la mitad, tomarás las pechugas y las deshilacharás como si fuera azafrán. Después tomarás el agua de rosas y la rociaras sobre las pechugas de gallina, después que vaya todo dentro de la olla que no sea de cobre ni estañada, porque podría tomar el sabor del estaño, y si fuera recién estañada haréis hervir mucho pan y lo haréis sudar mucho para que de esta manera se vaya fuera el sabor del estaño. Después pondrás la gallina en el caldo de ella misma y lo pondrás juntamente con la gallina y coge un meneador de madera y deshacerla para que no tome sabor de la leña. Cogerás la mitad de la leche y la meterás dentro de la olla con la gallina, después pondrás la harina de buena forma y poco a poco para que no se agarre a la olla, y meterás allí ocho dineros de azúcar dentro de la olla y deja hervir poco a poco hasta que hierva la leche sin dejar de mover y guardarla bien del humo, y cuando el manjar se ponga claro la gallina estará bien, y si no es bastante no pongas más leche y cuando el manjar se ponga como queso asado esta cocido y pondrás el agua de rosas y lo gordo de la olla pero que sea limpio y no haya tocino. Y sabes que de una gallina traerás seis escudillas, déjalo sudar fuera del fuego y después harás la escudillas, y pondrás encima azúcar fino y de esta manera se hace el manjar blanco perfecto y bueno se puede probar siempre así.

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Bertrand de Grot, arzobispo de Burdeos subió al pontificado con el nombre de Clemente V (1305-1314) después de una escandalosa intriga del cónclave promovida por el infame rey Felipe IV de Francia que quería un papa Francés que pudiera moldear a su voluntad. Para asombro de sus colaboradores, el nuevo papa abandonó Roma, y las tumbas sagradas de Pedro y Pablo para trasladar el pontificado a Avignon, una pequeña localidad de Provenza a orillas del Ródano. Felipe IV, conocido como “el hermoso”, era un rey que se comportó como un miserable durante toda su vida. Traicionó a Ricardo Corazón de León durante las Cruzadas en tierra santa, luego expulsó a los judíos de Francia para adueñarse de sus posesiones, sometió al papa a su capricho obligándolo a trasladar la sede de la Iglesia a Francia, y finalmente persiguió y aniquiló a los templarios.
 
El prestigio del papado sufrió un duro golpe con el traslado a Avignon y una sucesión de  7 pontífices que arrastraron a la Iglesia a una decadencia durante los 67 años (1309-1377) que permaneció la sede de la Iglesia en esta ciudad. Para ser justos, el cambio de las pestilentes aguas del Tiber por las cristalinas aguas del Ródano y las inmundas ciénagas plagadas de cólera y tifus de Roma por la perfumada campiña de Provenza, fue beneficioso. No todos los papas de Avignon fueron débiles e ineptos. En 1342, subió al pontificado el monje benedictino Pierre Roger de Beaufort, arzobispo de Rúan y canciller del rey de Francia. Este papa pagano, que carecía de malicia y principios morales gobernó con el nombre de Clemente VI. El papa deseaba la felicidad de los fieles y no reparaba en gastos para lograrlo, era incapaz de negar sus favores, incluso en el lecho. En 1348, el papa compró la ciudad de Avignón  a la reina Juana de Sicilia y permaneció como propiedad papal hasta 1791 cuando fue incorporada a Francia durante la Revolución Francesa. La compra de toda la ciudad le costó la enorme cifra de ochenta mil florines, cantidad que nunca fue abonada posiblemente porque el papa consideró que la absolución de Juana por el asesinato de su marido eran pago más que suficiente. Su pontificado estuvo marcado por el nepotismo, la mayoría de los cardenales eran parientes suyos, y por la simonía derivada de la necesidad de financiar su afición por el lujo, las artes y las letras. El famoso poeta italiano Francisco Petrarca, que vivía en Avignon en aquella época, fue uno de los pocos que mostró su descontento describiendo anónimamente la corte papal: «la vergüenza de la humanidad, un vertedero del vicio, cloaca que recogía todas las inmundicias del universo. Su Dios era vilipendiado, sólo se reverencia al dinero y las leyes divinas y humanas son pisoteadas. Por todos lados se respira la mentira: en el aire, en la tierra, en las casas y, sobre todo, en los dormitorios».
El magnífico palacio papal (Palais des Papes) es un enorme edificio gótico con muros de 17 a 18 pies de grueso. Su construcción tardó 20 años, entre 1335 y 1354, en el vivieron siete papas y dos antipapas, que dieron gran impulso a la ciudad.  El palacio cuenta con 19 habitaciones con colecciones de frescos, esculturas y pinturas religiosas, del siglo XII al XVI, incluyendo trabajos de Botticelli, Carpaccio y Giovanni di Paolo que dan cuenta del esplendor en que se vivía la corte papal. Allí también se acuñaban monedas y era un centro diplomático y de relaciones públicas. En sus grandes salas se organizaban magníficos banquetes que eran servidos por un regimiento de cocineros y ayudantes que oficiaban en la gran cocina, cuya enorme chimenea aún puede admirarse. Del sinnúmero de exquisiteces que preparaban los cocineros para los papas, he seleccionado estos dados de cordero que ciertamente merecieron ser acogidos en la mesa del epicúreo Clemente V.
 
 
Preparación:
 
Aún cuando los “Daube” son un plato degustado en toda Francia, cuando son de cordero son de Avignon. Esta receta siempre me ha evocado la magnífica cocina del palacio papal. Su elaboración  es compleja y requiere un gran tiempo y paciencia, pero es sin duda un plato maravilloso que se puede comer recién hecho o recalentado. Desde luego debe acompañarse de un Chateaneuf du Pape, porque aparte de ser un vino con el cuerpo apropiado, es un merecido homenaje a estos 9 papas, ya que sin ellos jamás habría sido posible esta receta.
 
 
Para 8 comensales:
 
1 botella de vino tinto (el mejor que tenga)
1 pierna de cordero (5 lbs.)
2 hojas de laurel1 cucharada de romero
1 cucharada de thyme
½ piel de naranja
6 ajos
10 cebollas pequeñas
2 cucharadas de perejil finamente picado
4 zanahorias
2 tazas de aceitunas negras
1 copita de cognac
Sal y pimienta en grano recién molida 
 
 
Quite la mayor cantidad de grasa al cordero, córtelo en dados de aproximadamente 1 pulgada y guarde el hueso. En una gran fuente de porcelana mezcle el vino con el laurel, el thyme, la piel de naranja, los ajos, las cebollas peladas y cuarteadas y el perejil, revuélvalos y salpimiente. Agregue los dados de cordero y el hueso, cúbralo con un papel metálico y  marine durante toda la noche. Caliente el horno a 300º, tape fuertemente la fuente con papel metálico Hornee durante dos horas, revolviendo cada hora. Mientras tanto, pele las zanahorias y córtelas en trozos de 1 pulgada. Lave y seque las aceitunas. Después de dos horas de horneo, agregue las zanahorias y las aceitunas y eleve la temperatura del horno a 350º. Hornee otras tres horas removiendo cada hora. Después de la primera hora saque el hueso. Antes de servir retire la piel de la naranja, los ajos y el laurel. Agregue el cognac y hornee otros 5 min. sin cubrir. El acompañamiento tradicional del “Daube” es la pasta. 

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Nicolas de Neufville, señor de Villeroy (1543-1617) fue secretario de Estado bajo el gobierno de tres reyes de Francia: Carlos IX, Enrique III y Enrique IV. Desempeñó sus funciones durante un difícil período de la historia de Francia marcado por la guerra religiosa. Villeroy comenzó su carrera política a muy temprana edad siguiendo los pasos de su padre y de su abuelo. En 1559, a la edad de 16 años, se convirtió en secretario de finanzas y pronto fue empleado por Catalina de Medicis, viuda de Enrique II y madre de los tres próximos reyes, que actuaba como regenta dada la corta edad del rey Carlos IX. Villeroy se casó con Magdalena de Laubespine probablemente hacia 1561. Era una bellísima y culta mujer hija del secretario de Estado Claude de Laubespine. Al cumplir los 24 años, Villeroy fue nombrado secretario de Estado en reemplazo de su suegro que había muerto. Pronto  se convirtió en el favorito del joven Carlos IX  y de su madre Catalina de Medicis que le encomendaban las negociaciones de los tratados de paz. A partir de 1558, Villeroy se vió envuelto en las excentricidades del rey Enrique III, quién se refugió en la religión desatendiendo los problemas sociales y económicos que se estaban desarrollando. Delegó toda la responsabilidad en la reina y comenzó a  otorgar privilegios a sus favoritos, en especial a Jean Louis de Nogaret de La Valette, primer duque de Epernon. Este duque acusó a Villeroy de actuar bajo su propia autoridad y desviar dineros para su beneficio. Anonadado Villeroy pidió al rey permiso para  abandonar la corte, pero el rey no aceptó su renuncia. Catalina de Medicis apoyó fuertemente a Villeroy que contaba además con la simpatía de la corte que odiaba a EpernonEn 1588, la posición de Enrique III se volvió delicada al tomar el control de París la Liga Católica encabezada por Enrique I, duque de Guisa.  La acción estaba coordinada con el movimiento de la armada de Felipe II de España contra los protestantes de  Inglaterra. Enrique III evitó ser capturado y logró un acuerdo con sus enemigos. Sin una razón válida, el rey despidió a Villeroy y todos sus ministros sin darles una explicación o una compensación.  Los historiadores no han logrado establecer el motivo que tuvo el rey para tomar esta decisión. Puede ser sólo el acto de un hombre que había perdido todo contacto con la realidad. El 28 de diciembre de 1588, el rey ordenó el asesinato del duque de Guisa. 8 meses después Enrique III fue  asesinado por Jaques Clément. En 1594, Villeroy volvió al poder bajo el reinado de Enrique IV. Murió en 1617 y está enterrado en la iglesia de Magny-en-Vexin

Ingredientes para cuatro personas:

4 pechugas de pollo

Huevo

Harina

Pan rallado

Aceite

Mantequilla

Sal y pimienta negra recién molida

Salsa Bechamel (ver receta)

Preparación: Cortar las pechugas por la mitad y aplastarlas con la mano. Salpimentarlas, pasarlas por el sartén de vuelta y vuelta. Dejarlas enfriar y pasarlas luego por la salsa bechamel buscando que queden bien untadas. Dejar reposar toda la noche. Untar una bandeja en mantequilla y colocar en ella las pechugas muy frías. Luego pasarlas por harina, huevo y pan rallado. Freírlas en el aceite muy caliente. Escurrir y servir

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