La codorniz trae inevitablemente el recuerdo de una revista española publicada durante los tiempos más duros de la censura franquista, que logró crear un espacio para la sátira social y política. “La Codorniz” fue un milagro paranormal creado por héroes quijotescos, que alcanzó su mayor esplendor como referente intelectual de la España más negra, durante la dirección de Alvaro de la Iglesia, un ex combatiente de la División Azul. Apareció la revista el 8 de junio de 1941 al precio de venta de 50 céntimos y duró hasta 1978, cuando se encendió en España la luz de la libertad. Su humor surrealista y absurdo, provocaba irritación o entusiasmo dependiendo de la visión que se tuviera del régimen de Franco. El afán de todos los colaboradores por la libertad de la cultura, hacía necesario enviar a la sociedad mensajes innovadores que presentaban una visión desde el absurdo de las manifestaciones de la propaganda del aparato franquista. Se debía recurrir a todos los matices del surrealismo para conseguir que los censores no captaran el verdadero significado de los mensajes, pero hay que reconocer que eran bastante ignorantes. El primer propietario y director fue Miguel Mihura, durante esta época colaboraron Wenceslao Fernández Flórez, José López Rubio, Jacinto Miquelarena, Enrique Jardiel Poncela y Ramón Gómez de la Serna y como dibujantes Galindo y Picó y Conchita Montes. En 1944, Mihura vendió la revista a una sociedad anónima participada por el Conde de Godó, Juan José Pradera y Manuel Pombo Angulo ascendiendo a director Alvaro de la Iglesia que era el redactor jefe y como subdirector al modesto y brillante Fernando Perdiguero. Se inicia así la época más fecunda de la revista. Se incorporaron dibujantes como Nácher, Goñi, Mingote, Gila, Tilu, y Chumy Chúmez y el equipo de redactores aumento con la entrada de Rafael Azcona, Ángel Palomino, Rafael Castellano, Evaristo Acevedo, Óscar Pin, Alfonso Sánchez y la Baronesa Alberta. En una oleada posterior se incorporaron firmas principales como las de los articulistas Remedios Orad, Víctor Vadorrey, Gonzalo Vivas, Jorge Llopis, Juan Chorot, Bardaxí, José Luis Coll, Pgarcía y Julio Penedo mientras que la plantilla de dibujantes se ampliaba con Munoa, Máximo, Cebrián, Serafín, Kalikatres, Dátile, Pablo, Mena, Eduardo y Madrigal. Todas estas personas inteligentes y de arrolladora personalidad periodística y pública, dieron a la revista una estabilidad en el éxito que había de prolongarse hasta la muerte Fernando Perdiguero en 1970. En los años posteriores se inició un declive que se iría haciendo cada vez más agudo. Abandonada por sus lectores, dejó de publicarse el 11 de diciembre de 1978. En total se editaron 1898 números. La crítica del momento atribuyó al declive y desaparición de la revista a su falta de adaptación al cambio de la sociedad de su tiempo.
La humilde codorniz no goza del prestigio de la becada, pero esta pequeña ave salvaje, la menor del grupo de caza, es muy popular por su carne delicada que permite cocinarla de distintas formas, ya sea guisada, asada a la parrilla, cocida, asada al horno o cazuela o escabechada para degustarla fría. El éxito del plato depende de la edad de los ejemplares, que deben ser jóvenes y grasos. La edad de estas aves se conoce por la dificultad al desplumarlas, cuanto más joven más cuesta desprender las plumas. Sin embargo, las codornices de granja tienen la edad garantizada y se venden ya preparadas y sin despojos.
Ingredientes para 4 personas
8 codornices limpias1 botella de vino blanco1 cebolla6 dientes de ajo2 hojas de laurel1 ramita de tomillo1 vaso de vinagreAceite de olivaSal y pimienta negraPreparación:Limpiar las codornices, sazonarlas generosamente por dentro y por fuera. Luego se atan para que no se despedacen. En una cazuela con un poco de aceite de oliva, rehogar las codornices a fuego vivo. Salpimentar. Cuando queden doradas sacarlas, y en la misma cazuela agregar otro poco de aceite, cuando esté caliente rehogar los dientes de ajo cortados en láminas, la cebolla finamente picada, el laurel y el tomillo. Agregar las codornices, las hojas de laurel y cubrirlas con el vinagre y el vino. Cocinar a fuego lento con la cazuela tapada por un par de horas dependiendo de lo tierna que sean las piezas. Enfriarla en el líquido. Cortarlas por la mitad a lo largo y servir regando con la salsa de la preparación. Tradicionalmente se acompañan con puré de manzanas.

