El gran período de las cortesanas en Francia propició el consumo de chocolate al que se le atribuía un poder casi mágico que actúaba en las fibras amorosas del que lo consumía. El cardenal Richelieu y Casanova compartían esta costumbre que aprendieron de la famosa cortesana Jeanne Du Barry que lo consumía con pasión en distintas preparaciones. Jeanne nació el 19 de agosto de 1743, en Vauculeurs una pequeña aldea de la Lorena, famosa por las gestas de Juana de Arco, era conocida en los burdeles como mademoiselle Beauvernier y por la historia de Francia como Madame Du Barry. Era hija de Anne Bécu, una costurera y de Jean Baptiste de Vaubernier monje del convento de Picpus en París. Su madre se casó en 1749 con Nicolás Rançon, un vendedor de armas quién se preocupó de darle a la pequeña Jeanne una excelente educación, muy superior a la que podría aspirar por su humilde condición. En 1758, dejó sus estudios en el convento de Sainte-Anne, y se colocó de aprendiza en una peluquería y luego se empleó como sirvienta en una casa de burgueses acomodados y finalmente como dependienta de la “La Toilette” una tienda de modas muy en boga en París en aquella época. En 1762, Jeanne se había convertido en una hermosa prostituta. Adoptó el nombre de Mlle. L’Ange y frecuentaba casas de apuesta en París, en uno de esos lugares conoció al aristócrata Jean Du Barry, libertino que se convirtió en su “gigoló”. Du Barry era amigo del Conde Richelieu que deseaba influir en las decisiones del rey Luís XV. Impresionado por la belleza y la creatividad en el lecho de que era dueña Jeanne, decidió convertirla en amante del rey, un hombre ávido de los placeres que podían depararle las aventuras con hermosas jovencitas, que se buscaban con cuidado entre las más pobres de París y en toda Francia. El rey la vio por primera vez en una cena que organizaron Du Barry y Richelieu. Permaneció oculto observándola y decidió hacerla su amante. Como había hecho con Madame Pompadour, se empeñó en concederle un título a fin de obtener un rango en la corte y poder presentarla oficialmente. Decidió entonces casarla con el Conde Guillermo hermano mayor de Du Barry. Convertida en la Condesa Du Barry, Jeanne fue presentada oficialmente a la corte en 1769. Es curioso que la corte que había despreciado a la Pompadour que pertenecía a la alta burguesía, no tuviera inconveniente en aceptar a una prostituta. Excepto por la joven princesa austriaca María Antonieta casada con el delfín, futuro Luís XVI y la familia real que la despreciaba, gran parte de la nobleza se esforzaba por llamar su atención y hacían lo imposible por ganar su favor. No ocurrió lo mismo con el pueblo que esperaba la muerte del viejo rey para liberarse de ella. Al obtener el poder Jeanne Du Barry provocó inmediatamente la defenestración de los ministros contrarios al cardenal Richelieu, entre ellos Chouieul que la detestaba, pero luego abandonó la política y se dedicó a lo único que sabía hacer: dar placer y gastar dinero. Durante los cinco años que disfrutó del favor real protegió a intelectuales, artistas, y pintores como Drovais, a quién pertenece el exquisito dibujo que presentamos en esta receta, donde aparece implorando a Venus, también fue pintada por Vigée-Lebrun y Fragonard, fue gran amiga de Voltaire, y cuando en 1769, el rey le regaló el castillo de Louveciennes, lo hizo restaurar y encargó al arquitecto Ledoux la construcción de un magnífico pabellón de estilo neoclásico, conocido como “Pabellón Du Barry”. Dilapidó tanto dinero en joyas, vestuarios, palacios y alocadas fantasías que terminó por arruinar el Tesoro Real. Cuando en 1774 Luis XVI subió al trono, María Antonieta que la odiaba, influenció sobre su esposo y la favorita fue confinada en la abadía de Pont-Aux-Dames durante dos años. Cuando finalmente se le concedió la libertad se rodeó de una corte en su castillo de Louveciennes, entre los que destacaba Louis Hercule Timoleón, Duque de Brissac que se convertiría en su nuevo amante. En 1792 estalló la Revolución Francesa y el Duque de Brissac fue brutalmente asesinado. La Condesa se encontraba en Inglaterra intentando recuperar unas valiosas joyas que le habían sido robadas. Fue muy bien recibida por la sociedad Inglesa y se le invitó a permanecer en Inglaterra y no volver a Francia donde la familia real y la aristocracia corrían gran peligro. Se temía, que dada su condición de antigua amante oficial del rey Luís XV era muy probable que encontrara la muerte. Por razones sólo de ella conocidas, decidió volver. En 1793 fue acusada de conspirar contra el régimen, arrestada y juzgada murió en la guillotina el 8 de diciembre de 1793 a los 50 años.
Ingredientes:
1 conejo
40 gramos de chocolate fondant
1 botella de vino tinto
2 cabezas de ajo
1 cebolla
Harina
1 zanahoria
1 puerro
1 copita de Jerez seco blanco
1 copita de brandy
1 taza de harina
½ palo de canela
1 ramita de tomillo
2 hoja de laurel
60 gramos de piñones
aceite
Trozar el conejo y ponerlo en una fuente de barro. Agregar la cebolla trozada, la zanahoria cortada en láminas anchas, y el puerro. Pelar una cabeza de ajos y añadirlos, luego las hojas de laurel el tomillo y la canela. Salpimentar y agregar el vino. Dejar marinar durante 12 horas. Retirar los trozos de conejo y enharinarlos. Freírlos con un poco de aceite hasta que se doren por todos los lados. Retirar del fuego y reservarlo en una cacerola. Escurrir las verduras de la marinada y sofreírlas con un poco de aceite en un satén durante 6 minutos aproximadamente, añadir dos cucharadas de harina y mezclar muy bien, cocinar brevemente y añadir el jugo de la maceración. Reducir el fuego y cocinar durante 15 minutos. Colar la salsa y agregarla al conejo. Volver la cacerola al fuego y continuar la cocción durante otros 20 minutos hasta que el conejo esté a punto. Machacar la otra cabeza de ajo y sofreírlos ligeramente en un sartén, luego pelar los dientes y ponerlos en un mortero junto con el chocolate rallado, el brandy y los piñones. Agregar la mezcla sobre el conejo y dejar cocinar hasta que el brandy se evapore. Rectificar la sal y servir

